En Chile, el abandono de perros se ha transformado en un problema social y sanitario de gran magnitud. La presencia de perros vagos o sin supervisión en calles y sectores rurales aumenta el riesgo de mordeduras y ataques a personas, afectando especialmente a niños y adultos mayores. Además, la formación de jaurías genera situaciones de peligro en barrios y caminos, provocando accidentes, temor en la comunidad y una creciente sensación de inseguridad. Esta problemática también implica costos para los municipios y servicios de salud, que deben destinar recursos al control, atención médica y manejo de estos animales.
Por otro lado, el impacto ambiental es igualmente preocupante. Los perros abandonados o asilvestrados atacan fauna silvestre, incluyendo especies nativas y protegidas, alterando ecosistemas frágiles y contribuyendo a la pérdida de biodiversidad. En humedales, parques nacionales y otras áreas protegidas, su presencia representa una amenaza directa para aves, mamíferos y reptiles, además de afectar procesos ecológicos esenciales. El abandono irresponsable y la falta de tenencia responsable no solo perjudican a los propios animales, sino que también generan consecuencias profundas para la sociedad y el patrimonio natural del país.